PALABRAS DE LUIS ORIONE
3.- QUE TODA MI VIDA SEA UN CANTO DE CARIDAD
¡Oh sí, oh Jesús mío!
yo anhelo cantar suavísimamente
el canto divino de la Caridad,
pero no quiero esperar, no,
a cantarlo al entrar en el Paraíso;
por tu infinita misericordia,
te suplico, ¡oh mi dulce Señor
Padre y Maestro y Salvador del alma mía!
que Tú me quieras, piadosamente, conceder
que comience este dulce canto aquí en la tierra;
aquí, ¡oh Señor!,
desde esta amplitud de aguas y cielo,
desde este Atlántico inmenso
que tanto me habla de tu potencia y de tu bondad.
Haz, ¡oh Dios mío!, que toda mi vida
sea un holocausto, sea un himno,
un canto sublime de divina caridad
y de consumación total en el amor a Ti, ¡oh Señor!,
y a tu Santa Iglesia, y a tu Vicario en la tierra,
y a tus obispos y a todos mis hermanos.
Que toda esta pobre vida mía
sea sólo un canto de divina caridad en la tierra,
porque quiero que sea
- por gracia, ¡oh Señor! -
sólo un ¡canto de divina caridad en el cielo!
¡Caridad! ¡Caridad! ¡Caridad!
!oh, amor de caridades!
¿por qué me has herido?
¡todo el corazón tengo partido,
y arde por amor!
Haz, ¡oh Jesús! que al menos una chispa
de este divino fuego,
que ardía en el pecho de tus santos,
que consumía en amor de caridad a Francisco de Asís,
quien fue "todo seráfico de ardor",
descienda sobre mí sobre todos mis hermanos,
¡oh Amor, Jesús!
y perpetuamente, y dulcísimamente,
en Ti solamente nos una
y nos dé vida y bendición.
Que de Ti, oh Jesús, amor y vida mía;
de Ti crucificado, oh Señor mío;
de Ti Eucaristía;
de Ti Caridad Infinita;
de Ti Cabeza y divina Misericordia,
venga y abundantemente se difunda sobre mí pecador
y sobre todos mis hermanos;
- que se difunda como la luz del sol
que Tú haces llover sobre la cabeza de los buenos
y sobre la cabeza de los malvados
- que, como el sol y más y más y mucho más,
se difundan sobre todos las ondas de tu caridad,
que a todos nos purifiquen
y nos invadan y nos transformen,
ondas sumergidas en Ti, ¡oh mi Dios!
en un océano de caridad,
mucho más inmenso que este océano
sobre el cual estoy navegando
y desde donde a vosotros escribo;
en un océano infinito de luces y de esplendores
que nos hará mucho más gloriosos
que los montes Ermón y Sión
- cantemos eternamente las misericordias del Señor,
y seamos eternamente bendecidos
por el Padre, por el Hijo y por el Espíritu Santo.
(De un escrito del 24 de junio de 1922, en un viaje de Brasil a Italia; L, I, pp. 425 ss.).











