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Noticias de la Parroquia Inmaculado Corazón de María
CAPILLA DE ADORACIÓN - TESTIMONIOS

Muchos son los testimonios que agradecen la iniciativa de la exposición del Santísimo en nuestra Parroquia.  A continuación, hemos puesto algunos de los que nos han llegado.  ¡Anímate a enviarnos el tuyo!
TESTIMONIO 1

Después de dejar al pequeño en el colegio voy paseando hacia el Corazón de María. Voy andando con alegría, tengo ganas de llegar… recuerdo aquellas palabras, «el Señor está aquí y te llama».

Llego.  Cada día tiene su preocupación o su alegría, su inquietud y zozobra o su consuelo. Hay veces en que en mi cabeza bullen tal cantidad de cosas que no hay silencio, y yo le digo: “Señor, perdóname, ya ves que no doy pa más, sólo quiero estar contigo”.

Sé que se puede orar en otros lugares, que el Señor está en todas partes, que está conmigo en el corazón, pero la Presencia de Jesucristo en la Eucaristía es para mí como la mayor posibilidad de intimidad, de encuentro, de cercanía. Él está ahí, esperando, escuchando, acogiendo, amando, susurrando palabras de consuelo, dando esperanza y sosteniendo, animando y uniendo más a Él.

A veces llego cansada y angustiada: “No puedo más, ayúdame, no sé qué hacer”. Otras, con muchas peticiones acumuladas: “Pepe está muy malito, al hijo de Inés y Paco lo operan, Ave te quiere y está sufriendo, mi niña está triste, cuida de mis alumnos, los compañeros de trabajo…, la familia…”. Todo lo quiero poner en sus manos. Mi confianza es total.

Ahora no estoy muy bien: “Señor, no sirvo pa ná”. Él me quiere igual. No le importa que no haga tantas cosas, sólo quiere que me deje querer por Él y los que me rodean, ¡y qué de amor!
Otras veces sólo puedo decirle “Gracias, gracias, gracias, Señor, por todo”

Para mí es un gran regalo que una parroquia esté abierta y haya exposición del Santísimo cada día. No estamos solos.  Entre la capilla y las calles, casas y personas que entramos y salimos, se establece como una corriente de Vida que fluye de tal forma que cuando volvemos al quehacer de cada día llevamos con nosotros esa Vida que late en la Eucaristía. Todo se transforma por esa Presencia.  (Anónimo)


TESTIMONIO 2

Desde que se expone el Santísimo todas las mañanas, creo que no he faltado ni un solo día. Me pareció una idea estupenda que los sacerdotes decidieran exponer al Señor a diario. Recuerdo que cuando era jovencita y lo exponían en mi pueblo, no faltaba nunca. Durante el ratito que paso con Él, le pido por todos, por la paz en  el mundo; por mis hijos y nietos, para que no les falte el trabajo. Le pido por muchas más cosas,  no me canso de darle la tabarra.

El Señor siempre me ayuda. Cuando discuto con mis hijos y pienso que no están haciendo bien las cosas; Jesús en la Eucaristía me hace ver que tengo que tener paciencia con ellos, que no me tengo que enfadar, sino mostrarles todo mi cariño. Pasar un rato con el Señor me da mucha serenidad y paz. G.V. M. (68 años).


TESTIMONIO 3

¿Qué siento cuando estoy delante del Santísimo?  Me pongo de rodillas en el primer banco para estar más cerca de ti y que puedas alargar tu mano y tocar mi frente.

¡Qué suerte que estés aquí, Jesús mío, para abrirte mi corazón! Algunas veces está herido, otras preocupado, otras deseoso de tu misericordia con este mundo roto que se aparta de ti, otras para pedirte compasión para los enfermos, otras para que protejas a mi familia, y para que entres en todos los corazones sin llamar a la puerta.

Después te miro y callo, y en el bendito silencio de la capilla oigo tus palabras susurrarme al oído: AMA, TEN PACIENCIA Y CONFÍA EN MÍ que te llevo cogida de la mano y no te voy a soltar.

Ya me voy, Señor, y quiero que sepas que te quiero, y quiero quererte cada día más.  Quiero que mi amor por ti sea tan inmenso como el cielo y tan profundo como el mar; quiero quererte como al aire que entra en mis pulmones y sentirte dentro de mí en cada exhalación.  (Anónimo)


TESTIMONIO 4

Trabajo por las mañanas en un negocio familiar, pero si tengo un hueco, me escapo para hacer una visita al Santísimo y me pongo en su presencia para darle las gracias por sentir su amor.
Le pido que me haga humilde para saber cual es su voluntad sobre mi vida.

Allí es donde puedo abrir mi corazón para llenarme de su espíritu y de su luz; y así, poder trasmitirlo a los demás.

Le pido que yo pueda trasmitir su amor a mi familia y a la gente que se acerque a mí, para que se conviertan y puedan caminar hacia Él. M. P. P. N. (57 años).


TESTIMONIO 5

Ha sido estupendo comenzar con la exposición del Santísimo a diario en la parroquia. He recibido muchas gracias del Señor. Menos dinero, le pido de todo. Estoy muy satisfecha y me gustaría pasar todavía más tiempo con Él.

Ahora se me pasan enseguida los disgustos, ya casi no me enfado. Sólo falto si tengo cosas urgentes que hacer. Yo me organizo en casa y lo dejo todo preparado para poder pasar un ratito con el todos los días. Es una delicia. M.R.D. (72 años).